CALIDAD. Gran Reserva. GÉNERO. Tinto. REGION. Norteamérica. SESIÓN. Del Enólogo. AÑO. 1995. PAIS. Estados Unidos. DIRECTOR. David Fincher.
EN CORTO. Otra de mis Top Movies of All Times, no solo por su arte en pantalla, realismo, crudeza e intensidad in crescendo a lo largo de la historia, sino por todo lo que significa Fincher en la big screen. Film impecable y que muestra a Fincher en toda su expresión, una obra maestra del cine neo noir: estética urbana de invierno, un caso criminal, visualmente oscura, blurry, con una línea dramática simple pero profundísima, y una cinematografía consistente en el arte y en la fotografía alrededor de un asesino en serie cuyo motif son los Siete Pecados Capitales de la filosofía cristiana. Mills (Pitt), un novato policía lleno de energía y aspiraciones, es asignado como compañero a Somerset (Freeman), un experimentado y reflexivo detective a días de su retiro. Juntos deben investigar una serie de sádicos y brutales asesinatos concienzudamente preparados que siguen el patrón de los siete pecados. Mientras Somerset dedica su astucia y sapiencia para tratar de anticipar los crímenes, Mills aporta un acelerado ímpetu, propio de alguien no ha realizado totalmente a quién se enfrentan, que le traerá una trágica consecuencia. Un dato: varios conocidos actores se bajaron del proyecto por diversos motivos: Pacino, D. Washington, Stallone, Duvall, entre otros.
LO DESTACABLE. Siempre me ha atraído la filmografía de asesinos en serie, el cómo grandes directores han llevado a la pantalla grande historias de perversión y violencia alrededor de criminales extremadamente astutos y articulados. En el género, creo que esta película se sitúa en el podio de las más notables después de Silence of the Lambs (1991).
PARA OLVIDAR. Diría que nada, pero en realidad algunas escenas y contextos dramáticos pueden resultar muy crudos; aun cuando no es totalmente explícita, las víctimas de los crímenes y el contexto son mostrados en secuencias breves con mucho realismo. Fincher lo hizo bien en el discreto manejo de la crudeza, que impacta más desde el guión que desde lo visual.
